El sistema de escape puede parecer algo trivial a simple vista, sin embargo, la línea entera (desde el colector de escape hasta el último tramo por el que salen los gases), está diseñada por los ingenieros de la marca para reducir las emisiones contaminantes, controlar el ruido e incluso optimizar el rendimiento del motor. En motores modernos es todavía más relevante, ya que son numerosos los sensores que hay instalados por todo el recorrido.
El filtro antipartículas tiene como función principal atrapar y almacenar las partículas de hollín generadas durante la combustión del motor diésel, evitando que sean expulsadas a la atmósfera. Con el tiempo, estas partículas se eliminan mediante un proceso llamado regeneración, en el que se queman a alta temperatura dentro del propio filtro.
Imagen de un filtro antipartículas (DPF/FAP).
Pero… ¿por qué genera hollín un motor diésel? La respuesta está en cómo funciona la combustión dentro de este tipo de motores. A diferencia de los motores de gasolina, en los diésel el combustible se inyecta directamente en aire muy comprimido y caliente. Esto provoca una combustión menos homogénea, donde no siempre hay suficiente oxígeno en todas las zonas para quemar completamente el combustible.
Falta de oxígeno = hollín 👎
Desde aproximadamente el año 2005 (normativa Euro 4), Europa endureció los límites de emisiones de partículas a la atmósfera, ya que está demostrado que estas partículas son cancerígenas para el ser humano. Desde entonces, los filtros antipartículas han ido ganando protagonismo y volviéndose cada vez más complejos, ya que cada actualización de la normativa suponía una reducción del número máximo de partículas que se podían expulsar a la atmósfera.